CURADORMAG | EL DESGUACE DE CLEVELAND
Una vez Richard Brautigan fue a un desguace de Cleveland a comprar un riachuelo de segunda mano. Un cartel en el escaparate instaba a los visitantes a que lo vieran por ellos mismos. El riachuelo lo vendían en función de la longitud que el cliente quisiera adquirir. Se rebajaba el precio del pie en función de cuánto riachuelo quisiera uno llevarse, pero no tenían en cuenta la anchura del mismo, ni garantizaban la calidad de las truchas que nadaran en él. Richard Brautigan estaba interesado en el riachuelo así que recorrió las instalaciones para ver por sí mismo el género y todos los complementos que podían ser añadidos al riachuelo adquirido, como los animales, los insectos o las cascadas, algo más caras que el resto.
Richard Brautigan
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21 abr EL DESGUACE DE CLEVELAND

Una vez Richard Brautigan fue a un desguace de Cleveland a comprar un riachuelo de segunda mano. Un cartel en el escaparate instaba a los visitantes a que lo vieran por ellos mismos. El riachuelo lo vendían en función de la longitud que el cliente quisiera adquirir. Se rebajaba el precio del pie en función de cuánto riachuelo quisiera uno llevarse, pero no tenían en cuenta la anchura del mismo, ni garantizaban la calidad de las truchas que nadaran en él. Richard Brautigan estaba interesado en el riachuelo así que recorrió las instalaciones para ver por sí mismo el género y todos los complementos que podían ser añadidos al riachuelo adquirido, como los animales, los insectos o las cascadas, algo más caras que el resto.

A simple vista este relato parece una total tomadura de pelo, pero hay que saber entrar en el juego de la percepción de Brautigan para constatar que la experiencia surrealista tiene para el autor una vertiente perfectamente real. No obstante, siguiendo el hilo de su legado y a tenor del compendio aparentemente caótico de historietas que conforman su más reconocida obra Trout fishing in America, el lector ya debe aceptar que la manera en la que el Brautigan procesa la realidad otorga menos peso a la lógica sensorial sensu estricto que al que las impresiones imaginarias adquieren en la visión de la realidad que plantea el autor. El uso de la metáfora, que en Richard Brautigan surge de una manera perfectamente natural, alcanza en sus trabajos una dimensión real y, si en uno de los primeros relatos del libro, Knock On Wood (Part Two), se enfrenta de niño a otro riachuelo imaginario para constatar finalmente que no es real, sino simplemente una escalera de madera que atraviesa el campo; para el momento en el que de adulto en el pasaje The Cleveland Wrecking Yard se ve implicado en la disparatada compra de un riachuelo en un desguace de Cleveland, éste termina hundiendo las manos en el agua constatando que está fría y es agradable. De algún modo Brautigan entra totalmente en el engranaje imaginativo de su propia lógica.

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La construcción de los símbolos de Brautigan da lugar a su encuadre entre los escritores fundamentales del oeste americano. La vida urbanita del autor está desligada a menudo de la enorme fuerza que los ambientes rurales adquieren en su obra, de la supervivencia autosuficiente del hombre en unos entornos que a golpe de modernidad van perdiendo su idiosincrasia natural, pero que sin embargo conservan los valores de las comunidades humanas tradicionales de unos entornos salvajes. Los conceptos del viaje y de la no pertenencia, que fueron bien acogidos por los círculos contraculturales en los que fraguó posteriormente la novela, son una constante muy presente en la discontinuidad de Trout fishing in America y en la vida del propio Richard Brautigan. Pero las idas y venidas en sus salidas de camping en familia, los recuerdos de una infancia trágicamente humilde en plena Gran Depresión e incluso su acercamiento a los vagabundos del inframundo de San Francisco, adquieren mediante esa forma especial de percepción sin ambages de Brautigan, un lirismo inusitado y en cierto modo campestre. Trout fishing in America no es un manual de pesca, pero sí alcanza el paroxismo bucólico en que los libros de pesca suelen perderse y puede entenderse en su totalidad como un ejercicio de exaltación de los mitos personalísimos de la cultura rural del oeste americano.

Trout fishing in America fue publicada en 1967, tras A Confederate General from Big Sur (escrita posteriormente y menos exitosa), alcanzando unas ventas de más de 2 millones de copias y siendo inmediatamente celebrada en los círculos académicos del país. Brautigan pasó entonces de ser un escritor anónimo, forjado en los hervideros de la escena beat de San Francisco, a ser de pronto un autor celebrado a nivel nacional. Sin embargo, su vida continuó siendo un caos. Su existencia estuvo marcada por ese peregrinaje constante habitado por mujeres, alcohol y una infatigable tendencia al fracaso, pues, no viendo nunca superado su éxito inicial, se topó con el rechazo editorial sistemático. Probó a vivir en un rancho en Montana junto a otros novelistas como Thomas McGuane o William Hjortsberg y pasó un interesantes periodos residiendo en Tokyo. Cuando se asentó de nuevo en San Francisco, en una cabaña que había adquirido en Bolinas, terminó pegándose un tiro en la cabeza mientras observaba el océano sentado en la cama. Sus pertenencias, como las de cualquier viajero, eran escasas: un par de dólares, tranquilizantes y una botella de Jack Daniels. El Smith & Wesson .44 que le quitó la vida era prestado. No dejó ninguna nota. Su muerte, como su vida y obra, fue en cierto modo absurda, extrañamente poética y, por encima de todo, enigmática.

 

Texto por Pablo Bonnet

Pablo Bonnet
pablobonnet.h@gmail.com